Juro que iba a hablar de que hoy soy un poco más miope que la semana pasada (eso dicen en la óptica, y lo digo yo, que en los carteles de la carretera las letras se hacen más borrosas sin necesidad de haber frecuentado la barra de cualquier bar situado más o menos a mano), pero revisando el correo estaba escuchando “Esplendor en la arena” (Hello Cuca) y han sonado los 72 segundos de “Elige tus juguetes” para devolverme a la edad de la inocencia (supuesta, claro). A los juegos en la playa: raquetas, caza y captura de peces y erizos, castillos, enterramientos bajo la arena y algo de fútbol, pero menos (la temporada oficial se jugaba de noviembre a mayo en El Bosquecillo, y perdíamos casi siempre, con el menda de portero y unos guantes como los que llevaba Paco Buyo).
En casa los juegos eran otros: básicamente los clicks de playmobil, y también coleccionar pitufos (colección que todavía conservo) y personajes de Dragones y Mazmorras. Nada del otro barrio. Vale, el escondite inglés y otras variantes; y también el parchís y la oca (de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente; qué lírica, oigan); y en las cartas, desde pequeñito, el tute y la brisca (el mus lo frecuenté sólo en la facultad, pero prefería el chinchón).
Los juegos de azar no son lo mío. Hace un mes acerté una quiniela de 12 y cobré 0,12 céntimos (vamos, es que había acertado todo Cristo). Bonoloto, Euromillones, Primitiva, El Gordo de la Primitiva, la ONCE, el Cuponazo, el Supercuponazo, la Lotería Nacional, el Sorteo del Oro, el especial del Día de la Madre, el del Día del Padre, la lotería de Navidad, el Niño y lo que se ponga por delante. Toca, sí, pero no a mí (bueno, supongo que porque no suelo jugar y eso también cuenta). Todo sería más fácil a pares o nones. Tú eliges: pares. Uno, dos y tres... Cuatro y uno: cinco. Nones. He ganado. Sí, me gusta más así.
En el colegio, durante la clase de matemáticas, jugábamos a OSO. Y en el recreo al basket. Un codazo me rompió las gafas, pero seguí jugando, e incluso encestaba; pero entonces tenía sólo dos o tres dioptrías. Piedra, papel o tijera. Cogí tijera y me estrellé contra la piedra; mala suerte. ¿Cara o cruz? Cara: y salió el rostró borbónico por excelencia.
Paso de las tragaperras, y en general de los casinos, que me dan pereza; pero me gustan los juegos de las ferias, con las escopetas trucadas y los perdigonazos en los chicles; supongo que ahora los niños no dispararían si no es con una play station 3 como recompensa. Luego, y ahora alguna vez, buscábamos el perrito piloto, la botella de sidra o la tostadora; con escasa fortuna, casi siempre.
Juguemos a los bolos, o al Tiger Woods en la PS2, o al WRC 2008; incluso al F1 2005 con mi volante y pedales con el careto de Fernando Alonso. Podemos jugar a los juegos de palabras (aquello del teto, que no reproduciré aquí, un respeto hacia los lectores), al Scrabble, al Risk (una partida de risk, un trivial, un parchís… como cantaba Tontxu, que luego entró en Gran Hermano VIP). Podemos jugar a montar muebles de Ikea, al Monopoly, al Hotel (incluso yo diseñé mi propio Hotel con los hoteles más caros de Madrid), al Indicios, al Scalextric (pero mejor en casa de mi tío, que allí había uno en condiciones, no como el mío, del que te aburrías al cuarto de hora), al billar si se tercia (con el futbolín me declaró perdedor), aunque lo mejor eran las sesiones de Cinexin en casa los sábados y domingos por la tarde, con pequeñas historias de Disney y un público de lo más reducido (Marisa, su hermana Bea, Roberto, César, alguna vez Jorge, y pocos más).
Luego, o antes, llegaron las canicas, el pañuelo y las chapas, con Melchor Mauri, Marino Lejarreta y Perico Delgado (¡incluso Herminio Díaz Zabala!) subiendo las cuestas de la plazoleta, cuando aún no habían colocado columpios ni toboganes y todo era mucho más agreste. Nos inventábamos casas encantadas y descubríamos pasadizos secretos (alguno sí era secreto, todo sea dicho); íbamos a los billares, echábamos un par de partidas a las máquinas recreativas de turno y nos íbamos a la lonja a ver la vida pasar (y a ver a las chicas pasar luciendo palmito, obvio), comiendo pipas, casi sin hablar y pendientes de la hora porque había que volver pronto a casa. Pero poníamos toda nuestra entrega y nuestra fe en esos momentos, y eso era auténtico rock’n’roll, aunque entonces no tuviésemos ni idea de que de una región llamada Murcia (y yo pasaba parte del verano con mi padre en Mazarrón, así que algo podía haberme enterado, digo yo) saldrían años más tarde Lidia, Mabel y Alfonso para crear Hello Cuca y tocar a muerte “Aguacate nena”, “Hipicat”, “Kung fu combo”, “Rompetelalma” o, por supuesto, “Elige tus juguetes”. Aunque luego, en la misma playa de Mazarrón donde pillé un herpes (sí: Murcia, qué hermosa eres, pero yo tuve la espalda como un cromo durante unos meses) viniese el cabrón del niño de al lado (cuatro años mayor, a ver quién le tosía) y dejase el castillo en la ruina más absoluta.
- Location:en casa
- Music:hello cuca, "esplendor en la arena"

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